

El llamado de Dios en ocasiones es algo que no podemos explicar con nuestras palabras, mas es sentir esa llama y ese fuego que llena nuestras vidas y que nos hace hacer cosas que para algunos les parece sin sentido. Más para nosotros sabemos que hay dirección en medio de esto. Un día nos dijo: “YO, YO HABLE Y LE LLAME Y LE TRAJE, POR TANTO SERA PROSPERADO SU CAMINO” ISAIAS 48:15

Día tras día, semana tras semana y evento tras evento nuestra
visión central ha sido ver su gloria. Desde el trabajo evangelístico,
viendo personas con corazones destrozados ser cambiados por el poder de una
palabra que transforma al hombre en crisis. El hombre de nuestros días
es un ser solitario, mas en medio de su soledad está buscando un amigo
y este se llama Jesucristo, el Hijo de Dios. Es a quien le presentamos y no
importa el lugar, ni posición social el mensaje es el mismo, necesitas
un Salvador y Señor.

Sea en parques o estadios, o en una esquina de calle el impacto siempre es el mismo, porque es Dios quien hace la diferencia en las vidas. Nunca nos ha interesado cantidades, mas sí el efecto provocado por el Señor.
